jueves, 14 de mayo de 2009

Pasión y Amor



María Pía entra a la clase de filosofía cansada esperando la llegada pronto del profesor, ya son las seis y cuarto de la tarde. Su cabeza retumba demasiado, hoy hubo mucho trabajo en la oficina.
Se sienta en la primera fila de bancos-aunque no se si son precisamente bancos- en fin: toma asiento allí. Mira a su alrededor y nada le llama la atención sólo atina a dejar un bolso de su sector derecho para cuando llegue su amiga Delfina. Los minutos se consumen, como se evaporaba el agua del te de anoche. Y el viejo encorvado que no llegaba y ya son y media. Siempre impuntual.
Sebastián esta subiendo la escalera, también esta agobiado, mucho trabajo tal vez, quizás. Busca con esmero el aula 202, entra. Ella, sigue con su radio sintonizada justo en dial de siempre.
Esteban también ingresa a esa misma aula. Llega, se detiene mira a Pía y continúa su camino para el fondo. Ella no percate en él. Ni registra que alguien se halla parado en su frente
Solo escucha una voz que le pregunta ¿aquí esta ocupado?, ella con esmero, nerviosa, contesta que no, y en forma tartamuda, dice que ya guardó lugar para su amiga.
Su mente corría tan veloz, y todo lo que sucediere ese momento no sería percibido por ella. Hasta ni sabía si lograría escuchar o entender al viejo Cafiolo. Sus pensamientos eran fotos, y más fotos, con Real Love sonando de fondo. Y con la tarde-noche de ayer y la despedida definitiva de Emiliano, después de cinco años, se había llegado a lo crudo del adiós.
Sebastián también estaba como en otro mundo, no en la clase, eran dos que sólo físicamente se hallaban ahí. Tal vez, él sufrió lo mismo que Pía. Tal vez, vivió la despedida. ¿Por qué son amargas, crudas, y llenas de gotas en los ojos?, ¿Por qué nos cuesta dejar tanto a alguien?, ¿Por qué si sabemos que no funciona seguimos intentando?, ¿Será por los años?, ¿Nos acostumbramos a estar siempre iguales?
Muchas preguntas en donde las respuesta, no se encontraban entre ellos dos.
Delfina, llego. Y Cafiolo tras ella.
Las palabras del viejo sonaban y resonaban. Ellos escribían de forma casi autómata, sin parar.
Pero nada de lo traspasado a los papeles era entendido. Pía seguía pensando en el café del atardecer de ayer con Emiliano. Pensaba, en por que le costó darse cuenta tan tarde que él no era a quién amaba. Sebastián corría su mente en que había hecho mal para terminar así con Lucila, aunque lo pensó mejor y supo: eso no era amor, quizás pasión. La pasión y el amor son cosas muy distintas.
Y atrás de ellos: Esteban, otro que tampoco estaba en sintonía con la clase. Y que solo se imaginaba el día que un Hola para él saliera de la boca de Pía.
El profesor dejó de hablar, y atinó a decir que sólo existía quince minutos de descanso. Por suerte.
Delfina empezó hablar sin parar, casi como siempre: del trabajo, de lo bien que esta con Manuel y demás cosas. Hasta que se dio cuenta. Ella no era escuchada.
-¿Te pasa algo? No te noto bien.
-Acá estoy termine con Emiliano. Se que lo tenía que hacer. Pero duele.
-Es lo mejor, ya sabes mi opinión.
- Si, lo se.
Sebastián sentado allí escuchó sin querer(a veces queriendo).
Y sólo le dijo:
-Aunque duela, siempre es mejor.
-¿Perdón?
- Ah, si perdón, me presento mi nombre es Sebastián. No quería opinar, pero se del caso, bastante.
- Gracias, y acepto tus disculpas y consejos. Mi nombre es María Pía. O Pía a secas. Como guste. Raro, nunca te registre en clase, y hace ya dos meses que curso.
-Yo tampoco, siempre vine a esta aula.
- Perdón que sea entrometida, ¿vos también padeciste una cruda despedida alguna vez?.
-Si ayer, mi atardecer-noche fue triste como el día. Aunque si lo pienso mejor, cuando llegue a casa la lluvia había cesado, y el cielo estaba colmado de estrellas.
- ¿Vos crees que eso es buena señal?
- No lo se, pero lo único que sabía es que Lucila no era para mí.
-Bueno somos dos, Emiliano tampoco me pertenecía. Yo no era feliz.
-Yo todavía pienso ¿Cómo no te vislumbre antes?
-¿Sería que ellos no nos dejarían ver más allá de sus cuerpos?
- Tal vez.
Pía queda en silenció. Por primera vez sentía que había alguien más a parte de Emiliano. Sebastián también sentía exactamente los mismo.
Esteban miraba toda la situación con tristeza, con dolor en su vientre, con desgano.
El viejo encorvado llegó nuevamente. Siguió dictando la clase.
Ellos escucharon con atención, los mundos ahora eran el aula 202, para Estaban no, su mundo seguía siendo Pía. Aunque los amores cobarde nunca llegan amores, el siempre tendrá un hilo de ilusión.
La clase terminó, y con ella la despedida, pero diferente. Pía y Sebastián se a notaron sus teléfonos.
Tal vez, ahí este la fusión de la pasión y el amor, quizás. Quién sabe.

4 comentarios:

andcaif1 dijo...

Siempre será bello leerte, es como si leyeras mi mente, mi parte blanca y utópica, y lo plasmaras en tu blog..

Scar dijo...

.


Siempre, pero siempre, equivoco el banco en la facultad... tal vez tendría que haberme sentado sobre el bolso...

(Y en el pizarrón no explicaron bien lo del amor)

Antes del Fin dijo...

Y señor Scar, usted sabe explicar el amor?, exijo clases!.

andcaif1 dijo...

la fecha y hora real? o una de mentiras?